La Renovación De La Mente

Una Mente Nueva


¿Por qué necesitamos renovar nuestra mente? Es quizás la pregunta más importante que podemos hacernos como personas de fe. La forma en que pensamos determina la forma en que vivimos. Nuestros pensamientos moldean nuestras decisiones, nuestras relaciones, nuestra salud emocional y nuestra experiencia con Dios. Una mente sin renovar es una mente atrapada; atrapada en patrones viejos, en heridas sin sanar, en versiones de nosotros mismos que ya no nos sirven. La buena noticia es que no tenemos que quedarnos ahí. La renovación es posible. De hecho, es el plan de Dios desde el principio.


Renovar la mente es un concepto que vemos en las escrituras una y otra vez. Pablo anima a la iglesia en Roma a que no se conformen a la actitud de este siglo:

No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cómo es la voluntad de Dios: buena, agradable y perfecta. Romanos 12:2 NVI


3 Razones para renovar nuestra mente:

Ser transformados. Mi parte favorita del versículo. Ser transformados significa cambiar de una forma a otra. Es un tema de adaptabilidad. Alguien dijo: “El cambio es lo único constante”. Una gran verdad. Pablo está animando a la iglesia en Roma a desarrollar adaptabilidad. Tener esa capacidad para mí equivale a nunca envejecer. Es un baile a lo largo de la vida con nuestra amiga la neurogénesis; la capacidad de generar nuevas neuronas funcionales.

Durante mucho tiempo se creyó que el cerebro adulto era fijo e inmutable. La ciencia moderna ha demostrado lo contrario. El cerebro tiene la capacidad de reorganizarse, de formar nuevas conexiones, de aprender y desaprender a lo largo de toda la vida. Esto es biología. Y es también teología. Cuando Pablo dice “sean transformados“, está hablando de un proceso real, profundo y continuo. Cada vez que elegimos un pensamiento nuevo, cada vez que practicamos la gratitud, el perdón o la fe, estamos literalmente reconfigurando nuestro cerebro. La gracia de Dios y la neurogénesis caminan juntas.


Comprobar la buena voluntad de Dios. La palabra comprobar es un tema de experimentación. Es tener una experiencia. Cuando tenemos dicha experiencia llegamos a una conclusión. Por muchos años la experiencia religiosa se volvió un ejercicio intelectual que solo tiene que ver con reglas y regulaciones. El contexto de iglesia en el que yo crecí carecía de inteligencia emocional. La verdad es que Dios nos hizo emocionales. De modo que para experimentar cambio verdadero nuestras emociones deben ser afectadas a través de una experiencia con Dios. Experiencia que concluye que su intención para nosotros es: buena, agradable y perfecta. Prueben y vean que el Señor es bueno; dichosos los que se refugian en Él. Salmos 34:8 NVI


Crecer espiritualmente. Para crecer espiritualmente tenemos que esforzarnos en crecer hacia la madurez del varón perfecto, que es Cristo. Trabajar de forma intencional para desarrollar las habilidades espirituales que Jesús mismo mostró en su vida y ministerio. No podemos enseñarle a la gente a seguir a Jesús si nosotros mismos no sabemos el ¿cómo? El cómo requiere un cambio en la forma de pensar. Requiere una renovación en nuestra mente. Demanda que dejemos nuestros viejos hábitos, que desarrollemos nuevas redes neuronales que honren a Dios, nos hagan felices y nos permitan disfrutar de Él para siempre.

Pablo lo dice mejor cuando escribe en su carta a la iglesia de Éfeso:


22 Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos; 23 ser renovados en la actitud de su mente; 24 y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad.


Efesios 4:22-24 NVI


Quitarse un ropaje y ponerse otro. Es una imagen poderosa. Este proceso va más allá de corregir comportamientos externos. Se trata de una transformación que comienza en lo más profundo de nuestro. Y esa transformación requiere práctica, comunidad y la acción del Espíritu Santo obrando en nosotros día a día.


Eso es exactamente lo que soñamos construir. Renuevo nació de la convicción de que la iglesia puede ser un espacio donde las personas no solo escuchen hablar de transformación, sino que la experimenten. Un ministerio firme en el conocimiento de las escrituras, pero que no está obsesionado con las formas. Uno que ama a Dios profundamente y busca disfrutar de Él para siempre. Un ministerio que no envejece, sino que se adapta. Que innova. Que se ocupa de su propia neurogénesis. Un ministerio que anima a la gente a cambiarse el viejo ropaje de la vida. Decisión que resulta haber probado y haber visto que el Señor es bueno.


De eso se trata Renuevo. Únete a nosotros y sé renovado.